¿Macri 2019?



“I´m ready to run” sostiene Mauricio al ser preguntado sobre las elecciones presidenciales del año próximo. «Run» entendido como postularse, no de correr (o salir corriendo)
En criollo: Bajo un escenario económico que no encuentra calma y un paro general (el cuarto en su administración) sobre sus hombros, el presidente marcó la cancha y descartó cualquier duda respecto de su futuro político.
Lo cierto es que la confianza del presidente no sólo pretende promover aquello que busca encontrar en los inversores de un mercado sostenidamente adverso, sino que además se explica por la incapacidad de la oposición en reagruparse y la «habilidad» de Cambiemos, de estrictamente permanecer.

 

A la fecha, y con las próximas elecciones a poco más de un año (27 de octubre de 2019), la suerte de la arena política argentina parece decidida a partir de la hipótesis de los tercios.
Tres cuadros políticos donde al momento sólo se observa la prolongación de aquellos antagonismos de las últimas presidenciales, Cambiemos y Macri por un lado, el Kirchnerismo y Cristina por el otro.
A este tridente se asoma un peronismo moderado, dialoguista y con tantos otros adjetivos, pero sin candidatos a la fecha. No obstante esto, más por circunstancia que por mérito propio, su electorado será vital en el horizonte político del país.

¿Kirchnerismo peronista o peronismo kirchnerista?

Muy probablemente los comicios del 2019 sean el último cartucho político que el andamiaje kirchnerista tenga como cuadro político.
A la fecha es posible observar un partido donde Cristina es plataforma y techo de un espacio que en función a los atributos de su líder y sustento político, no evidencia posibilidad alguna de renovación ni fidelidad ante un eventual resultado adverso.
A esto se suma la situación judicial de la ex presidenta, quien ve su futuro, político y civil, en manos de un Poder que con Bonadio a la cabeza, parece decidida a presionar lo necesario para que el debate por sus fueros esté en agenda.
Y si bien Cristina primero haya sostenido que renunció “voluntaria y explícitamente” y luego que la voluntad de los fueros no se vea “alterada” por la política, lo cierto es que la viabilidad electoral de la ex mandataria puede reposar en la funcionalidad que encuentre la bancada peronista (no kirchnerista) en posibilitar esto.

 

El peronismo funcional

El peronismo dialoguista por su parte, continua con grandes incertidumbres respecto de su capacidad de reorganización. Posicionalmente parece ubicado entre dos extremos del “no”, donde resalta una imagen no kirchnerista y no macrista, pero sin una identidad captadora de votos.
¿Cuál sería la funcionalidad que Pichetto, Urtubey y Massa, entre otros, pueden encontrar en que CKF sea candidata? O en todo caso, ¿Cuál es la posibilidad de éxito político que este espacio considera lo suficientemente auspicioso como para cargar con el costo de un potencial desafuero? 

Cambiemos y las elecciones ¿La economía como principal oposición?

La entrevista brindada a Bloomberg Tv en el día de ayer también dejó otra idea que hace ver a Macri y sus aspiraciones electorales en “mode on”.
Así como a pocos días de haber asumido funciones el presidente argentino tomó palabra en la Cumbre del MERCOSUR condenando las reiteradas violaciones sobre los derechos humanos en Venezuela, el “íbamos camino a” se advirtió nuevamente sobre el final del encuentro sostenido el lunes pasado con la televisión norteamericana.
Sostienen Vommaro, Morresi y Bellotti, autores de Mundo Pro (2015):

“PRO, nacido en 2002, es casi hermano del movimiento que gobernó la Argentina desde 2003: surgió para distinguirse de él, para movilizar electores, ideas, recursos de grupos sociales y políticos que ven en el peronismo de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner su peor enemigo”

La pregunta ahora que Macri es gobierno y no oposición es ¿hasta cuándo podrá funcionar el “no volver al pasado” como rédito político?
Los contrapuntos planteados durante la campaña pierden algo de sentido ahora que Macri es el presidente. La crisis económica ya no es la heredada, sino la gestada. La de un modelo que se concibió basado en la inversión privada y el aperturismo pero que hasta hoy se sostiene en base al endeudamiento y la inversión pública.
La de un “volver al mundo” que no es aquel que ellos esperaban. La idea de cambio planteada por Macri tuvo en su génesis el lograr una reconstrucción de la identidad heredada por el gobierno anterior. En el aprovechar las bondades de la globalización uno de sus pilares. Esto no ha ocurrido y el gobierno ha sido incapaz de redireccionar su proyección internacional.

 

Lo cierto es que, si bien se observan reflejos de resistencia expresados por fuera de las representaciones tradicionales, el gobierno parece confiado en el frente político, su frente político.
Un sistema donde la política es sólo para las audiencias, donde la política se ejerce sin partidos y los funcionarios de turno son figuritas de cambio ante cualquier crisis semanal.
El proyecto parece decidido a ir a un ballotage, donde el gobierno, a pesar de los pésimos resultados de estos años, parece mejor plantado que en el 2015. No tanto por su fortalecimiento, sino por el debilitamiento de sus rivales políticos. Será allí donde el redireccionamiento del tercio funcional sea el que decida la suerte de Macri y compañía.
Es por eso que, a pesar de todo, Macri 2019 se entiende (la nota se redacta en pleno paro general, con la renuncia de Caputo y el eventual nuevo acuerdo con el FMI en negrita mayúscula).  
Su principal peligro es él mismo, su pesada herencia. Si se vuelve loco se puede hacer mucho daño, a él y a su futuro político.



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