¿Qué hay detrás de las peleas de Laurita Fernández con las ex de Cabré?



Haciendo un recorrido por los medios esta mañana me topé con muchas notas sobre la bailarina Laurita Fernández y sus enemistades con exs de Nicolás Cabré, con las que se va cruzando en el programa de Tinelli. Al encontrar tantas notas de ese tenor me acordé de un artículo de la periodista Luciana Peker que hablaba de cómo le conviene a este sistema que seamos enemigas y no amigas, que elijamos pelearnos con otras mujeres más que con los varones que, por ejemplo, son los infieles. «La televisión fogoneó siempre que las mujeres nos peleemos entre nosotras. En estas peleas una es ´la oficial´ y la otra es ´la chiruza´, ese es el show de la tele. Las mujeres lo cumplen y cuando lo cumplen son culpadas por cumplirlo. Cuando una mujer se pelea con las otras, es atacada porque se pelea con las otras, pero te tenés que pelear con las otras para salir en la televisión. Hay que dejar que la sororidad pueda extenderse a nuevos niveles de amorosidad intentando así no demonizar a las mujeres que cumplen las reglas en las cuales fueron criadas», sostuvo Peker a FILO. Si bien dentro del feminismo se debatió y se debate este tema hace décadas, todavía en muchos lugares las enemistades entre mujeres por el amor de los varones son típicas. Esta nota busca, de alguna manera, desarmar esos cortocircuitos mal hechos, cuestionarlos, replantearlos e intentar explicar cómo, unidas, somos mucho más poderosas que peleadas. ¿Qué es la sororidad? 

La sororidad es una de los pilares del feminismo | Foto: Instagram

El término hace alusión específica a la solidaridad entre mujeres en una sociedad que, desde el principio, nos enseña que el resto de las chicas son la competencia por el amor de los varones. Y si bien la sororidad no significa amar a todas las mujeres simplemente por ser mujeres, sí nos enseña a no prejuzgar por la misma razón. Este concepto es uno de los más lindos, productivos y generadores de vínculos que tiene el feminismo. Cuando leí «El segundo sexo» de la filósofa Simone de Beauvoir, dos cosas hicieron explotar mi cabeza: la primera es que las mujeres fuimos perseguidas y culpadas por menstruar durante siglos y la segunda, que es la que nos compete en este artículo, es que desde chiquitas nos enseñan que somos pasivas ante la búsqueda del amor. Eso implica que en esa quietud, lo único que podemos hacer es ser mejores, más lindas y más aplicadas que nuestras amigas para que, cuando venga el varón, le llamemos la atención y nos elija a nosotras y no a ellas. Me acuerdo que fue hace seis años. Iba en el colectivo y sentí el click que hizo mi cabeza. Todo lo que nos enseñaron sobre nosotras y entre nosotras está mal. Los cuentos, los libros, las canciones, las películas, las novelas. Todo, absolutamente todo parte de una base que es social, cultural y que puede, y debe, modificarse. Divide y reinarás 
«Los varones son más sinceros, si se odian se cagan a trompadas y listo, las mujeres son más víboras entre ellas», reza la típica frase que demoniza la amistad entre mujeres y enaltece la de los hombres ¿Pero esto es realmente así? Lia Copelo, más conocida como «La cope» es una ilustradora feminista que lanzó hace muy poquito su libro «Víboras». FILO habló con ella sobre el amor, las diferencias en la crianza y la sororidad adquirida. 

Víboras se llama el segundo libro de la dibujante Lía Copello | Foto: Facebook

«Hay una construcción patriarcal de que los varones son personas más frontales, menos conflictivas. Sobre todo desde un lugar de construcción de la masculinidad, donde se elimina cualquier tipo de cuestión que tenga que ver con lo interno, con lo emotivo y lo emocional y se lo deja en un lugar de practicidad absoluta», expresa la dibujante.Las mujeres, silenciosas y sumisas, peleadas doblemente sumisas ante la aprobación del hombre. «Estos conflictos son funcionales al sistema mismo, en los ámbitos laborales, por ejemplo, un grupo de minas solas somos quilomberas, entonces te meten a un jefe varón que nos tenga controladas», sostiene La cope. Desde la cuna

Uno de los tantos dibujos de «La cope» sobre la sororidad

«Los varones se crían desde la fraternidad, llevarlo a la cancha, jugar a la pelota. Desde chiquitos generan vínculos con otros varones desde el concepto de equipo. Eso en la adultez repercute muchísimo» describe la autora de Víboras.¿Y a nosotras? ¿Cómo nos crían? «A las mujeres todo lo contrario, nos instalan de que nos vamos a pelear, que si tenes una personalidad más relajada y más tranquila sos ´el pibito´ del grupo. Que nacimos para competir, para robarnos a nuestras parejas, para compararlos con el cuerpos, para odiar a la que es mas linda», afirma.El conductor de Polémica en el Bar, Mariano Iudica, dijo en su programa que son las chicas «feas» las que instalaron que los mal llamados piropos son acoso callejero. Ese comentario le valió ser repudiado a través de las redes sociales por miles de personas, pero deja muy en claro esta supuesta competencia que tenemos una contra otra. Hermosamente feas
«Esa idea de Iudica de que el acoso callejero lo inventamos las feas. Esa idea de que están las feas versus las lindas, es un error que hoy desde los feminismos estamos cambiando. Tomamos a la sorodidad como una de las armas más importantes de esa revolución», refuerza Lía.

Para este mundo son los hombres quienes tienen el patrimonio de la practicidad y las mujeres el de la belleza. El feminismo refuta esa idea y repite una y otra vez que «mujer no se nace» y si no se nace mujer, tampoco se nace hombre y si no se nace ni mujer ni hombre, todo lo construido alrededor de esos dos roles, puede cambiar. «Entendemos que cuando nos unimos y nos aliamos logramos muchas más cosas de las que habíamos podido imaginar. Y eso no solo se puede ver en las marchas, en los encuentros, en las conquistas de derechos sino también en los cambios personales. En la transformación cotidiana, poder sentarnos con amigas o compañeras y que del otro lado haya un entendimiento sororo es algo que no estábamos acostumbradas a tener», admite La cope y finaliza: «Va por ahí el tema, destruir esta idea de que la mina se pelea con otra mina por el ex y entender que, en realidad, seguramente, sea el ex el problema». 



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