En primera persona: tener una escuela de música en tiempos de crisis


«Uno tiene que ser artista en el salón»; con esas palabras, Sergio Gustavo Quintero define lo que significa para él ser profesor de música. Con 49 años, día tras día levanta la persiana de su propia escuela de música, situada en barrio Atalaya -La Matanza-, para recibir a todos sus alumnos.En el marco del Día de la Música, que se conmemora cada 22 de noviembre en homenaje a Santa Cecilia, el músico dialogó con Filo.News para asegurar lo que significa ser docente en el área y cómo atraviesa la crisis económica que vive el país.Pasión desde pequeño

Sergio Gustavo Quintero | Foto: Filo News

Nació con una guitarra en la mano. Su padre es músico, y juntos crearon la banda «El Cofre» alrededor de los ’90. El resto de su familia es docente: la enseñanza estaba en sus venas.Estudió en el Conservatorio de Música Nacional, luego en Leopoldo Marechal. Poco a poco, se fue especializando en el área, hasta crear su escuela de música propia, «La Casita».»Le pongo toda la energía, he trabajado 28 años en lo que es el ciclo inicial, escuela primaria, secundaria, y actualmente trabajo con chicos con capacidades especiales», explicó.¿Cómo atraviesa la rutina frente a la crisis?

El profesor en la clase | Foto: Filo News

La crisis económica que vive el país azota día a día a su institución, ya que cada vez menos alumnos asisten a sus clases: «Estos últimos 3 años me ha caído el 50% de la matricula. He llegado a tener 116 alumnos y ahora tengo 68», aseguró Quintero.Según su palabra, la razón que desencadenó esa situación fue «lo económico»: «Muchos papás me hicieron llegar a esa inquietud, de que sacaban a sus hijos porque no podían pagar la escuela». Según afirmó sus clases, de una vez por mes, tienen un costo aproximado de $500; «lo máximo que se puede cobrar para un barrio», opinó.La metamorfosis de la profesión

Día de la Música | Foto: Filo News

«La docencia esta muy castigada», reflexiona el músico. Además, explicó que, como músico folklorista, cada vez cuesta más atrapar a los alumnos en clase. Por eso, «uno se tiene que adaptar» al contexto.»Hincho mucho con el folklore, pero no me alejo de todos estos demás géneros, meter canciones de interés de ese momento; se que esa manera uno puede llegar a los chicos», afirmó.Planea seguir con su sueño: seguir transmitiendo la pasión por la música. «Es una carrera muy bonita, en el cual uno tiene muchas vías de escape con respecto a las satisfacciones que puede dar», señaló.En esta nota:
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