La liviandad del videojuego y la profundidad de lo lúdico


Señor Director:
A propósito de la columna de Carolina Pérez, es innegable que la explosión experimentada por la industria de los videojuegos es doble: por primera vez supera en términos de recaudación a la industria cinematográfica, a la vez que el contenido de muchos títulos es altamente explícito, violento y realista.
Sin embargo, hay otra explosión que me gustaría destacar, y es la del resurgimiento del «buen entretenimiento» del que nos habla el filósofo coreano Byung-Chul Han. Esa re-valorización de lo lúdico y del ocio ha tenido en Chile su reflejo en la reaparición de un clásico: el juego de mesa. En diversas regiones del país han vuelvo a emerger esas tiendas de nicho que hasta hace unos años atrás sólo habitaban los asiduos de juegos de cartas como Magic, Mitos y Leyendas y algún juego de roles. En mi caso personal, he experimentado la grata satisfacción que se produce al unir a la familia y amigos en torno a un juego, ese tránsito a un mundo donde no existe tiempo, sino turnos; donde no somos estudiantes o trabajadores, sino exploradores y colonos, donde la competencia y el enfrentamiento ceden ante la cooperación y el humor.
Creo también que esa categoría de juegos a los que alude la señora Pérez, esos en que es posible matar, robar y violar a voluntad, pierden hoy terreno frente a otros que, sin perjuicio de presentar un cierto grado de violencia, priorizan aspectos estratégicos, estéticos y lúdicos. Dése una vuelta por Twitch, la plataforma de transmisión de videojuegos y revise los títulos que acaparan las principales audiencias. En ninguno de los 5 primeros encontrará una sola gota de sangre.
Un cordial saludo,
Sebastián Flores Cuneo
Abogado U. de Valparaíso



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