translated from Spanish: Condenaron a 3 años de prisión al cura de San Isidro acusado de abuso sexual

Por abusos sexuales ocurridos entre 2014 y 2015 en la Parroquia San José de San Isidro, el cura de 63 años, Mario Koessler, fue condenado a 3 años de prisión en suspenso. El imputado se declaró culpable durante el juicio abreviado, lo que agilizó los tiempos judiciales.»Yo sabía que no iba a ir a prisión. Me da tranquilidad que haya reconocido su culpa. Pero yo no quiero saber más nada con la Iglesia, no fui más. Esto me afectó mi fe», sostuvo ante Télam Nora Bustamante, una de las víctimas, de 75 años.Koessler fue denunciado el 29 de septiembre de 2016 por 3 de sus víctimas, todas de ellas catequistas, ante la Fiscalía de Violencia de Género de San Isidro, a cargo de Laura Zyseskind, que abrió una investigación penal.Días antes de la presentación penal, el abusador había sido separado de su cargo por el actual titular de la Confederación Episcopal Argentina (CEA) y entonces obispo de la diócesis de San Isidro, monseñor Oscar Ojea.Los casos

Koessler reconoció los cargos imputados

Bustamante fue la primera de las tres mujeres en lograr exteriorizar los abusos: su caso se remonta a febrero de 2015 durante una reunión en la Parroquia San José programada por el propio Koessler. Él iba a ofrecerle coordinar la catequesis de los niños, pero aprovechó para atacarla sexualmente.»Me levanto para saludarlo y se me acerca para darme un beso. Yo tenía los brazos pegados al cuerpo. Peso 52 kilos y él pesaba 120. De repente me aprieta, me trinca, me mete la lengua en la boca y me la pasa por toda la cara. Pone su pierna en mi entrepierna, acerca la cara a mi oído y empieza a jadear. Quedé petrificada», relataba Nora a Télam a fines de 2017.Ese mes (02/2015), le contó lo ocurrido a Alicia González, otra catequista. «Te creo porque a mí me pasó», le respondió ella, que había sufrido un episodio similar a finales de 2014, pero no había podido ponerlo en palabras aún.Pasaron varios meses hasta que ambas juntaron fuerzas y pudieron comunicarles lo sucedido a sus seres queridos. Allí fue que se sumó Nidia Brittos, víctima de las perversiones de Koessler en agosto de 2015, cuando acudió en búsqueda de comfort espiritual luego de enterarse que un familiar habría sufrido un abuso y esto le hiciera recordar los sufridos durante su infancia.»Me fui al despacho y le conté lo que me pasaba. ‘Es una estadística. El hombre tiene sus instintos’, me dijo y me invitó a confesarme. Me sentí enfurecida y me levanté para irme pero me agarró por la fuerza y me apretó. Puso la cara cerca de la mía y empezó a jadear. Lo empujé y salí. Para mí fue un abusador más», manifestó Nidia.

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