Las deudas de la Armada


Señor director:
A propósito de la columna del senador Kenneth Peter Pugh, ex vicealmirante y actual senador, no cabe duda que la Armada en zonas extremas, en situaciones de desastre, en el contacto con las islas separadas del continente, y en la asistencia a embarcaciones con problemas, o en resguardo del litoral o en temas como la globalización y  la fibra óptica desempeña -como dice el senador un rol importante- que merece el reconocimiento.
Sin embargo, en un contexto de democracia de la que el mismo senador  -al haber sido elegido- es parte, la valoración de la Armada tiene una deuda que no cabe olvidar y de la cual la institución merecería hacerse cargo.
Los ejemplos hablan por sí solos: durante muchos años el Almirante Merino trato a todos los demócratas y progresistas críticos de la Dictadura como «humanoides» (según el diccionario adjetivo peyorativo que suele aplicarse a los monos e indica solo  algunas características externas de ser humano) usando para ello el Canal Nacional; en el buque Escuela Esmeralda se derramó sangre mediante torturas (el sacerdote Woodward); el poeta Raúl Zurita, entre otros, estuvo confinado en un buque mercante en que se torturaba en los días del Golpe.
En fin, los ejemplos y casos de violaciones a los derechos humanos y prácticas repulsivas por parte de la Marina,  están profusamente documentadas en testimonios y en los propios juzgados.
Sería muy útil que el senador -que sin duda reconoce por su cargo el valor de la democracia  hiciera gestiones en su casa matriz para que se asumiera un «nunca más», lo que sin duda beneficiarían enormemente el reconocimiento hacia la marina, gestiones que probablemente hasta el propio Arturo Prat aprobaría.
 Bernardo Subercaseaux



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