Granjas educativas apelan a despidos, ventas de animales y solidaridad para tratar de sobrevivir


“Necesitamos tu ayuda”, dice la portada del sitio web de Granjaventura, un sitio educativo que funciona en las faldas del parque municipal Mahuida, en lo alto de La Reina.
El cartel virtual es el reflejo de lo que sucede en estos lugares, creados para acercar a los niños a la naturaleza, la agricultura campesina y a la fauna doméstica. Con clases suspendidas, el creciente confinamiento de las familias y las órdenes de distanciamiento social, las granjas en la Región Metropolitana están cerradas y muchas de ellas en crisis financiera, porque las entradas eran su principal sustento.
Granjaventura está cerrada desde el 16 de marzo y sus encargados reconocen que no saben hasta cuándo permanecerán así. Dicen que entienden que las exigencias sanitarias lo ameritan, pero la falta de ingresos los ha obligado a tomar medidas duras para tratar de mantenerse a flote.
Su fundador, Óscar Knust, explica que debió acogerse a la Ley de Protección del Empleo para los seis trabajadores que tenía hasta antes de la crisis. “Es una porquería de ley, pero preferí eso a echar gente”, confiesa. Añade que sus tres hijos, él y su esposa han debido encargarse de la mantención, limpieza y alimentación de los 60 animales que le quedan.
“Tuvimos que entregar a la chancha y a la vaca con su ternero. Sin ingresos, no pudimos mantenerlos y pronto no podremos continuar alimentando al resto de nuestros rebaños”, agrega a través de una carta que subió a su sitio web.
Granjaventura es una concesión privada que opera desde 1999 en el parque municipal Mahuida. Sin embargo, la situación se ha hecho tan crítica que el municipio decidió prestar su ayuda. La alcaldía ayer entregó fardos para alimentar a los animales y propiciaron un convenio de colaboración con la feria de chacareros local, para que los comerciantes le regalen a la granja los remanentes de frutas y verduras.
Además, iniciaron la promoción de la campaña para realizar aportes privados a Granjaventura. Ésta consiste en la entrega de donaciones en dinero; la compra anticipada de entradas para usar dentro de los próximos seis meses; o la adquisición de un pase anual para ingresar las veces que se quiera. “Llamamos a todos nuestros vecinos a que se sumen a la campaña de la granja”, dijo el alcalde de La Reina, José Manuel Palacios.
Knust agradece el gesto de la comunidad. Comenta que esta crisis le ha servido para conocer el valor que le dan a su proyecto, que lo define como todo lo que tiene en la vida. Dice que hoy sólo ruega para que la ayuda llegue y logre sobrevivir hasta que pueda reabrir.
Sumar la sequíaOtro sitio emblemático en la región es la Granja Educativa de Lonquén, en Talagante, que también tuvo que cerrar en marzo. Sus dueños dicen que desde ahí han pensado en protocolos y adecuaciones de infraestructura común que les permitan, quizás, reabrir en septiembre u octubre, según la fecha y condiciones que defina la autoridad.
“Yo llevo 28 años trabajando acá y esta es la crisis más complicada que hemos vivido, porque se juntó el estallido social, la sequía y ahora el Covid”, lamenta su administrador, Roberto Illanes.
Los efectos del movimiento de octubre en las salidas de los escolares y el cierre de ahora llevaron a este negocio familiar a tomar medidas drásticas para tratar de superar el infortunio.
El encargado comenta que tuvieron que despedir a 45 trabajadores y redujeron su planta a sólo tres funcionarios, que se encargan de alimentar a los animales y mantener la granja.
Pero también han tenido que echar mano a las principales atracciones del lugar. Illanes explica que han debido vender ovejas, chivos, cabras, burros, ciervos.
“Antes teníamos más de cien animales, ahora nos quedamos con unos 70”, dice.
Illanes explica que los animales se alimentan mayormente de lo que produce el mismo campo, que tiene 150 hectáreas. Si bien eso es una ventaja en estos momentos, el administrador comenta que hoy es otra causa de estrés ya que la producción cayó en un 40% debido a que tuvieron un 35% menos de disponibilidad de agua.
“Y mire, ya estamos en mayo y no ha caído nada de agua”, plantea desde el teléfono, por donde confidencia que se encomienda a Dios para que se produzca una lluvia. “Es que todo esto del bicho ha escondido la sequía, que es terrible. De verdad es terrible. se juntó todo”, insiste.



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