Nuchas: haciendo de las elecciones estadounidenses algo más argentino



El período electoral siempre es un terreno adverso y salpicado con tintes de hostilidad. Más si es en medio de una pandemia. Más si la temperatura mínima pronosticada es de 38° Fahrenheit (3,3°C). Más si es en Estados Unidos, el país del que el resto del mundo está pendiente 24/7.Al rescate llega Ariel Barbouth, un ingeniero argentino residente en territorio estadounidense desde hace ya 30 años, con una capa celeste y blanca y la empanada como estandarte. O, mejor dicho, con Nuchas, su marca de empanadas, como insignia primordial.»No hay amor. Se perdió el amor», sentencia Ariel, preocupado por la situación política, desde su casa neoyorquina y a 24 horas del día definitivo. «Comida de inmigrantes para una nación inmigrante», figura, bien grande, en la web de Nuchas.
Pero Nuchas y Barbouth no fueron los únicos que buscaron mostrar unión y consolidar un sentimiento apartidario. Desde 2016, un ente llamado Pizza to the Polls (Pizza a las Urnas) sirve como una suerte de legión que auna distintos restaurantes y reparte comida a los votantes mientras esperan su turno para verse cara a cara con la urna.Barbouth, cuando se enteró de la iniciativa, se le prendió la lamparita, convirtió el «amargo y retruco» en «Empanadas to the Polls» y se puso en contacto con la organización inmediatamente. Así, comenzó a colaborar con ellos donando miles y miles de empanadas.El modus operandi es simple. Hacés la fila para votar, te sacás una selfie ahí, la publicás arrobando a la cuenta oficial de la organización y, al poco tiempo, un camión se presenta para abastecer al electorado con comida.Si por algo se caracteriza Estados Unidos, además de recibir decenas de miles de turistas, es por la cantidad de extranjeros que deciden emplazarse allá. Por consecuencia, la oferta cultural y gastronómica es única, lo cual fue una dificultad para Barbouth, que debió darle una vuelta de tuerca a la empanada para que sea exitosa.
«Yo decidí quedarme, pero volví en algún momento en un año sabático y volví a encontrarme con la empanada, que era algo que ya quería hacer», cuenta Barbouth, que ya tenía su negocio de salsas en Nueva York. «Las empanadas existían pero no tenían ni el respeto ni el lugar que tienen en nuestra cultura».»Producto cultural muy noble con aplicaciones espectaculares» es la definición que Barbouth le da a la empanada. Y es verdad: adentro de una masa puede ir cualquier cosa. Obvio, siempre dentro de los parámetros culinarios correctos.Así, nacieron empanadas con manzana, arándanos y Nutella; con hongos shiitake y bañada con leche de coco; con seis quesos derretidos, cebolla caramelizada y jalapeños y más.
¿Hace cuánto están, más o menos, en Estados Unidos?Casi diez años. Abrimos en Times Square, nuestra primera locación, el 11/11/2011.¡Eh! Hasta parece a propósito…Fue a propósito. Iba a ser el 9, pero esperé dos días: por el aniversario de mis padres y para que fuera un poco más místico.
A un día de las elecciones, 90 millones de estadounidenses emitieron su voto anticipado. El 65% del total de votos de las últimas elecciones presidenciales, en 2016. ¿Cómo va a manejar esto Nuchas? Con un lote doble de empanadas: 20.000 empanadas circulando por Brooklyn, Queens, Harlem y demás barrios.Empanadas, sí, ¿pero qué pensaría el argento purista si viera que su producto nacional fue rellenado con Nutella o con jalapeños mexicanos? Barbouth lo resuelve fácil.»El que me enseñó a hacer empanadas, Roberto «Topeto» Argentino Díaz, me apoyó mucho, pero para él la empanada tiene que tener 16 repulgues. Si tiene 15 no es empanada. Olvidate lo que va adentro», recuerda Barbouth. «Cuántas vueltitas le diste, si le pusiste papa, si no le pusiste papa… eso para mí dejó de importar».Barbouth, finalizando, continúa: «La empanada es un mensaje: la masa es un sobre y lo que va adentro es el mensaje. El mensaje de tu abuela o el del purista. Las especias te transportan a todo el mundo de distintas formas. El punto es cómo hacés para transportar a la gente y que conecten con todas las culturas. Todos somos inmigrantes y no sólo la gente: también lo son los ingredientes».



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