Elecciones en Brasil: Ciro Gomes, la alternativa a la izquierda del PT



La serie de sketches de la obra de Miguel Magno “¿Quien le teme a Itália Fausta?”, inspirados en la actriz brasileña más importante de la primera mitad del siglo XX, fueron fundamentales para recuperar a la mujer que inició la modernización del teatro nacional, sacándolo del marasmo y la falta de creatividad en que se encontraba. Itália Fausta, en una época adversa al feminismo, se enfrentó al establishment y contribuyó a la evolución del teatro. La izquierda brasileña, en el espectáculo programado para 2022, o bien evoluciona sin miedo hacia una nueva etapa, o se mantendrá estancada en el guión ya conocido, sometido al establishment.
El Partido de los Trabajadores (PT) parece querer repetir el camino recorrido. Lula, tras ser reincorporado al juego político por el Supremo Tribunal Federal, visitó al ex-presidente José Sarney, recibió al líder del PSD, Gilberto Kassab, señalo una aproximación con los senadores Renan Calheiros y Eunício de Oliveira del MDB, que comandaron el impeachment de la ex-presidenta Dilma, y escuchó, en silencio, a su amigo, el senador y ex-gobernador de Bahia, Jacques Wagner, declarando que siempre ha sido un político de centro.

En un contexto en el que la extrema derecha está en el poder y una sociedad que ha recuperado su identidad conservadora como consecuencia del ciclo petista, el debate sobre la izquierda preocupa a sus actores, porque divide las fuerzas, resalta los errores y cuestiona su representatividad. Diferentemente de lo que Lula (PT) imaginaba, la candidatura de Ciro Gomes (PDT) complica sus planes para ser ungido como la única alternativa al bolsonarismo.
Dos disputas en la próxima elección
En la próxima elección se dibujan dos disputas: por un lado la izquierda ante la extrema derecha, y por otro la «izquierda de la tradición» ante la «izquierda de la diferencia». Para simplificar los conceptos, defino a la primera como la izquierda de tradición marxista-leninista-trotskista, que no convive con sus pares sin ser hegemónica, representada por el PT. Y la segunda es la izquierda laborista, o centro-izquierda, que tiene en la democracia su génesis, representada por el candidato del PDT. Agrego una previsión: el centro político, que busca articularse, no reunirá fuerzas para el choque que se avecina con dos polos claramente definidos.
Y es en la segunda de esas disputas donde radica la dificultad de Lula. El petismo viene orientando el «nosotros contra ellos» desde 1994, cuando logró caracterizar al PSDB como una agremiación de derecha. La polarización es la estrategia del lulopetismo, en la victoria y en la derrota. En 1989, para aglutinar fuerzas en el campo que pretendía liderar, acusó sin miramientos a Leonel Brizola de gastar en exceso en la construcción de los Centros Integrales de Educación Popular (CIEPs), por ejemplo.
La historia se repite como nos enseñó Hegel. Por lo tanto, el reto del PT, ahora, será confrontar, en un primer momento, a Ciro Gomes y su nuevo laborismo. ¿Podrá hacerlo con éxito? ¿Lula defenderá, una vez más, la política de financiación del BNDES a las grandes empresas brasileñas? Si la lucha de clases es un concepto de la izquierda de la tradición, he aquí un buen ejemplo de la renuncia del PT al concepto marxista.
¿Pasará Lula ocho años más sin proponer reformas políticas, fiscales y educativas? Los dos mandatos del ex presidente podrían clasificarse como una mezcla de, liberal en lo económico sin dejar de ser patrimonialista y, democratizador en lo político, sin dejar de ser asistencialista. Salvo la creación del FUNDEB, el fondo para la educación básica, no hubo ninguna otra política estructural que pueda ser entendida como de izquierda.
Lula fue el propio «pacto social»
Como bien acuñó el ex-presidente José Sarney, Lula fue, en su momento, el propio «pacto social». Por un lado, hizo las concesiones necesarias para conciliar con el gran capital. Y por el lado de la izquierda, en la práctica, las políticas compensatorias se combinaron con un vigoroso discurso emancipador. Un talento político envidiable el de Lula, ya que consiguió la sumisión de la izquierda a una socialdemocracia coja, con el apoyo de intelectuales, artistas y militantes.
El discurso de Lula, hasta ahora, se limita a contrarrestar la locura bolsonarista con consignas repetitivas, como “no a las privatizaciones” o “gobierno genocida”. En estos puntos las izquierdas no divergen, pero por obvios resultan insuficientes. Mientras que Lula no presentó aún un proyecto de sociedad y desarrollo nacional, Ciro Gomes ha propuesto un proceso de reindustrialización, desarrollo tecnológico y reconstrucción del ahorro interno. El PT tiene dificultad de afrontar el debate de la izquierda propuesto por el candidato laborista porque no se trata de un debate de «nosotros contra ellos», ni es posible acusarlo de representar a la élite nacional.
De hecho, los burócratas-intelectuales, forjados en las estructuras estatales de los gobiernos del PT, están llamados a oponerse al Proyecto Nacional de Desarrollo, propuesto por la precampaña electoral de Ciro Gomes, —a veces procurando desconstruir el sujeto y no la propuesta— lo cual avergüenza a una parte de la intelectualidad, que reconoce en dicho proyecto la formulación de un plan de país.
En este contexto, Lula y el PT tendrán que decidir cómo enfrentar a candidatura de Ciro Gomes para que el pueblo brasileño no termine encontrando en él una alternativa de izquierda. Lo que generó Italia Fausta en el siglo XIX, al abrir el teatro hacia lo nuevo, incluso subvencionando la crítica de la generación del dramaturgo Miguel Magno en los años 80 del siglo XX, tiene poco parecido con el actual escenario electoral brasileño, salvo en el miedo que provoca el candidato del PDT en el establishment de la izquierda, al subir al escenario y posicionarse en el centro político y al mismo tiempo a la izquierda de Lula.
* www.latinoamerica21.com, un medio plural comprometido con la divulgación de información crítica y veraz sobre América Latina. 
Ronaldo Nado Teixeira es Doctor en ciencias sociales por la UNISINOS y Máster en Teoría de la Literatura por la Universidad de Brasilia (UnB). Ministro de Educación interino (2005), Secretario Ejecutivo Adjunto del Ministerio de Justicia (2007 a 2010).

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