Familia de activista Rodrigo Morales exige justicia a un mes del asesinato

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Rodrigo Morales Vázquez, de 44 años, logró dejar las drogas gracias a tres cosas: el nacimiento de su hijo, la ayuda de un sacerdote, y el activismo social.  
Rodrigo había nacido en la San Antón, una colonia popular de la ciudad de Cuernavaca, la capital de Morelos. En aquel entonces, finales de los noventa, el panorama no era tan distinto al de ahora: era un barrio con mucho desempleo, mucha droga, y muchos chavos que comenzaron a formar sus propias bandas para sobrevivir en la calle. 
Con tan solo 12 años, Rodrigo cayó preso de ese mundo. 

“Mi papá era barrio desde chavito”, dice en entrevista Andrés Morales, su hijo. “Pero, decidió cambiar radicalmente su vida, y empezó a meterse mucho al tema ambientalista y ecológico”.
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Una de las primeras cosas que hizo al inicio de su nueva vida fue crear un centro de reciclaje ahí mismo, en la San Antón, donde además organizó con los chavos del barrio las primeras brigadas que iban por las calles recogiendo para reciclaje todo lo que encontraban en su camino, como cartón, vidrio, o diferentes tipos de metales. Tiempo después, su trabajo llamó la atención de la comunidad, que, impresionada al ver el cambio de Rodrigo, que pasó de la drogadicción al activismo, lo impulsó para que en 2006 fuera ayudante municipal de San Antón, algo así como el representante de la colonia ante el ayuntamiento del municipio de Cuernavaca.

José Martínez, activista y dirigente de la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos (CIDHM), explica que cuando llegó a ese cargo, Rodrigo empezó a ver el problema creciente de la basura en Cuernavaca, de las barrancas sucias y suelos y ríos contaminados. Y se unió a un movimiento vecinal que se opuso a la creación de un basurero a cielo abierto en Lomas de Mejía, ubicado en la subida a Chalma, otra población de la capital morelense.
Fue entonces, plantea Martínez, cuando en 2008 comenzaron a surgir los primeros problemas y tensiones, que se materializaron en fuertes campañas de difamación en contra de los opositores que presionaban para el cierre del basurero. Incluso, vecinos de Santa Úrsula de Temixco, zona por donde pasaban los camiones de basura, fueron agredidos tras cerrar el paso al basurero, y un compañero activista de Rodrigo, de nombre Cristóbal, fue brutalmente agredido por su activismo. 
“Lo machetearon y lo dejaron tirado en el basurero, aunque sobrevivió”, cuenta José Martínez, de la CIDHM. 
A Rodrigo no lo atacaron, pero su hijo Andrés dice que en aquel entonces recibió también las primeras amenazas por su activismo. No obstante, Rodrigo, que era un hombre muy carismático y muy conocido en el barrio, siguió con la lucha y, junto a otros activistas, logró que en 2011 las autoridades de la Secretaría de Medio Ambiente (Semarnat) cerraran el basurero. Y poco después, biólogos de la Universidad de Morelos hicieron varios estudios y análisis del suelo del tiradero, que arrojaron que, efectivamente, estaba contaminando de los mantos freáticos y las barrancas, provocando daños en el corredor biológico Chihihuatzin. 
“Fue un logro muy importante del movimiento ambientalista y Rodrigo estaba muy contento por eso, por haber participado, junto a mucha otra gente, en el cierre del vertedero”, recuerda José Martínez, que conoció a Rodrigo desde que era un niño e iba a su casa para reunirse con su padre, un exdirigente sindical de la Nissan. 
Tras su paso como ayudante municipal de San Antón, el activista se trasladó a Chamilpa, al norte de Cuernavaca, donde abrió otro centro de acopio más grande para reciclaje. Incluso, allí puso en marcha otra iniciativa: un ‘Museo del Acopio’; un lugar en el que exponían todas las antigüedades que la gente desechaba, como fonógrafos, radios viejas, televisiones en blanco y negro, o a veces hasta álbumes de fotografías de la Revolución mexicana. 
Precisamente, la fotografía fue otra de las pasiones que adquirió Rodrigo Morales tras dejar las drogas. Comenzó a tomar talleres y a juntarse con fotoperiodistas de Cuernavaca, y documentó todo el activismo que hacía en el tema de la basura. Además, se metía a cubrir las marchas de protesta por la violencia que azota al estado y al país, y subía sus fotografías a su perfil de Facebook. 
“Tenía una visión muy crítica del sistema -apunta José Martínez-. No le bastaba con reciclar. Quería combatir la mercantilización y por eso hacía una crítica con su activismo y sus fotografías hacia esta sociedad que genera más y más basura a costa de lo que sea. Tenía una visión antisistema”.
A pesar de las viejas amenazas de años atrás por el tema del basurero, Rodrigo no se sentía en riesgo. O al menos nunca lo manifestó abiertamente. “Mi papá andaba libre por la ciudad tomando fotos”, dice Andrés. “Incluso, como sabía moverse muy bien por esos ambientes y ya lo conocían, se metía a tomar fotos a barrios pesados”. 
Por eso, la familia dice que aun no se explica por qué lo asesinaron. 
Muchas versiones, ninguna certeza
La noche del jueves 2 de septiembre, Rodrigo se despidió de su hijo Andrés como hacían a diario al terminar la jornada de trabajo.
“Mi padre y yo trabajábamos juntos en el centro de acopio. Esa era su forma de vida. Lo cerramos en la noche y me dijo: ‘Te vas con cuidado, por favor. Nos vemos mañana’”. Pero esa fue la última vez que lo vi con vida”. 
Rodrigo tomó su motocicleta Yamaha y, según las cámaras de video que lo captaron a eso de las once de la noche en la zona, se detuvo en la Avenida Universidad de Cuernavaca, esquina con calle Narciso Mendoza de la colonia Santa María Ahuacatitlán, a comer unos esquites en un negocio de comida. 
Ahí, expone Andrés, al parecer había quedado para verse con una mujer, cuando fue atacado por desconocidos a bordo de un auto.
El activista social y fotógrafo fue asesinado de siete tiros, informaron las autoridades de investigación morelenses. Y por ahora, a un mes del asesinato, es prácticamente todo lo que se sabe, ya que no hay información precisa de cuál fue el posible móvil del homicidio, ni de quiénes lo perpetraron. 
“Hay muchas versiones”, lamenta Andrés. “Se manejó la versión de que lo mataron porque era opositor al basurero de Lomas de Mejía. Otros hablan de que fue un ataque directo. Y otros dicen que fue un asalto”, agrega el hijo del activista, quien, no obstante, dice que la versión del asalto le parecería muy difícil de creer, puesto que los atacantes no se llevaron la motocicleta, ni la billetera de Rodrigo. 
Por eso, la exigencia hacia la Fiscalía estatal y las autoridades del gobierno de Cuauhtémoc Blanco, el gobernador de Morelos, es que se haga una investigación a fondo, que también incluya como línea de investigación el activismo medioambiental de Rodrigo como posible móvil de su homicidio. 
“Exigimos una investigación a fondo y que este terrible asesinato no quede impune como tantos casos más”, señaló en un comunicado la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos, que también pidió que el Mecanismo Nacional de Protección a Personas Defensoras y Periodistas activara sus protocolos para proteger a la familia del activista y fotógrafo. 
“El problema es que, actualmente, hay un gran relajo político en Morelos -lamenta por su parte Andrés Morales-. Porque el fiscal del Estado le tira al Gobernador, y el Gobernador le tira al Fiscal, y así se la pasan unos con otros mientras los ciudadanos no tenemos quién nos ayude, ni en quién confiar”. 
En mitad de esta grilla política de la que habla Andrés, el estado de Morelos vive actualmente una fuerte oleada de violencia, que ha impactado de manera especial en activistas y en los periodistas de la entidad. Sin ir más lejos, tan solo cinco días después del asesinato de Rodrigo Morales, también fue asesinado a balazos en su casa el activista social Alejandro García Zagal, conocido como ‘El Chepe’. Su sobrina, Josefina García León, exigió a las autoridades someter a investigación a una regidora de Cuernavaca, porque hace dos meses profirió amenazas en contra de ‘El Chepe’, reportó el diario El Universal.
Semanas después de estos dos asesinatos, el 28 de septiembre, también en Cuernavaca, fue asesinado el periodista Jesús Manuel González Reyes, director y administrador del portal ‘Agencia PM Noticias’, desde el que difundía información de diversos temas, incluyendo información sobre seguridad. 
Ante estos tres homicidios en menos de un mes, la Oficina en México del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH) emitió un comunicado en el que condenó los hechos y llamó a las autoridades del Gobierno mexicano a cumplir con su deber, en cuanto a que las investigaciones deben llevarse a cabo “con pleno apego a los estándares de debida diligencia” para identificar y sancionar a todos los agresores. 
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En el caso de Rodrigo Morales, su hijo Andrés cuenta que aprovechando la gira del presidente López Obrador por el estado, el pasado viernes primero de octubre se acercó al mandatario para pedirle que les ayude a presionar a las autoridades morelenses que deben investigar el caso. 

“Yo sé que solo ha pasado un mes, y que debe de haber un proceso”, concede el joven. “Pero tenemos miedo de que pasen los meses y los años y que no nos den ninguna respuesta, o que no haya ninguna línea de investigación clara”. 
La respuesta del mandatario, cuenta Andrés, fue que los ayudarían en todo lo que puedan para esclarecer el asesinato de Rodrigo Morales. Pero, mientras se cumple o no la palabra del presidente, el joven asegura que seguirán luchando hasta encontrar justicia. 
“Mi padre era un luchador social. Él exigía, marchaba, reclamaba… Así nos enseñó a vivir. Por eso, todo esto lo hacemos por él, por su memoria. Porque, si no lo hiciera, siento que él, desde donde esté, me estaría diciendo: ‘¿Cómo que no estás luchando por mí, cabrón?’. Sé que a él le hubiera gustado que saliéramos a la calle a exigir el esclarecimiento de su asesinato. Y eso vamos a hacer hasta el final”.
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