¿Existe la dismorfia vocal?: cuando la voz y el cuerpo de las mujeres no encajan con los estereotipos considerados agradables para la sociedad



Cuando la ministra del Interior Izkia Siches, en una exposición ante la Comisión de Seguridad Ciudadana de la Cámara de Diputadas y Diputados denunció el problema de las expulsiones a inmigrantes de nacionalidad venezolana, una de las críticas que apuntaron en su contra -en especial de hombres- fue respecto de su tono de voz, “no ‘apto’ para una ministra”
¿Qué pasa cuando las exigencias nos alcanzan en el ámbito de lo expresivo? ¿Debemos comunicarnos de una forma que logre la simpatía y aceptación social? Para conocer la forma en que la cultura evalúa la voz de las mujeres El Mostrador Braga conversó con la actriz e investigadora en prácticas vocales escénicas Catalina Osorio, la cantante, máster en artes y profesora de canto Carolina Avilés y la fonoaudióloga clínica e investigadora vocal Karol Acevedo.
Las especialistas coincidieron en que “una voz aguda, chillona, nasal”, “suave, liviana y dócil” son categorías vocales en las que con frecuencia se clasifica a las mujeres. Mientras que, “socialmente se ha esperado que las mujeres tengamos un color de voz más claro, con una prosodia no tan exagerada, porque eso genera la idea de ser mujeres que son excesivamente expresivas, lo cual se confunde con ser excesivamente intensas”, introduce Karol Acevedo.
Por su parte, Catalina Osorio cree que, “la exigencia de demostrar a través del cuerpo, la voz y la palabra, el poder, el control, el dominio, están asociadas a espacios masculinizados, entendiendo lo femenino como más débil, liviano, superficial o menos profundo. Esa dicotomía siempre está presente, sobre todo en espacios políticos”.
El factor cultural y la moda también influyen, “yo vengo de una etapa en la que ser ronca o muy grave era extraño, los referentes vocales de los ’90 eran Céline Dion, Whitney Houston y hoy son otras, Dua Lipa, Lana del Rey; con esto las mujeres se fueron dando espacio para pensar que ser roncas fuera algo atractivo, eso desde el punto de vista de las personas que estudian o toman clases de canto”, señala la profesora de canto, Carolina Avilés.
Salir del ámbito de la forma
“Creo que una de las cuestiones que más aparece, antes que el género, es la poca conciencia que tenemos de nuestro propio sonido y eso tiene que ver con una cuestión cultural, el poco conocimiento del cuerpo, de la respiración y de ese estar presente permanentemente en la vida misma. A partir de eso aparece esta idea de ‘no me gusta mi voz’. Esta situación me parece un poco más lógico pensarlo en las artes escénicas, pero en el ámbito de lo político también está presente”, propone Catalina Osorio para comenzar esta entrevista.

En este sentido, “lo masculino es más fuerte, más poderoso y lo femenino más débil, superficial,  liviano, menos profundo, esa dicotomía siempre está presente sobre todo en espacios políticos y aparecen dicotomías masculino/femenino de las que hay que salir, yo creo que ahí hay un trabajo importante en lo vocal”, agrega la actriz.

Y es que el poder se relacionaría con la voz, “desde el punto de vista de la intensidad, creo que se espera que tengamos dinámicas más suaves”, dice Karol Acevedo y explica que “éstas son modificaciones de parámetros suprasegmentales que hacen que la gente se forme una idea o prejuicio de cómo somos solo por características comunicativas”.

“En general esperan que las mujeres sean más bien calladas, que no opinen mucho y por eso existen estos conceptos -que afortunadamente ahora se hablan- en que hombres en contextos laborales dicen lo mismo que una mujer dijo, pero cuando lo dice el hombre es válido, aunque tal vez la mujer fue la primera en mencionarlo y comúnmente invalidan nuestra opinión sólo por el hecho de ser mujer”, comenta la fonoaudióloga.

La voz un espacio desconocido hasta la llegada de WhatsApp
En la era de las comunicaciones, a más de alguien le ha pasado que al escuchar su propia voz en una grabación la siente como ajena, no le gusta o le molesta. Así lo cree la profesora de canto Carolina Avilés. “Hace un par de años se empezaron a poner de moda los mensajes de voz en Whatsapp y a partir de esto la gente comenzó a descubrir su voz, fue como un antes y un después, pero pasó que muchas/os decía ‘escucho mi voz y me carga’ y existía ese rechazo de ‘es muy grave, es muy aguda, es muy chillona, es muy nasal’ ¿cuál es el parámetro?”, cuestiona Carolina Avilés.
A lo que agrega, “no hay una media; si existiera una referencia, como por ejemplo un Do3 (o Do central del piano) y una niña habla una quinta o una cuarta más abajo o arriba de la media, una podría pensar que eres más aguda que el promedio, pero como no existe tal referencia, entonces ¿sobre qué base nos juzgamos?”.  
El conflicto vocal conduce a la búsqueda de estereotipos o parámetros de referencia. “A partir de esto las personas se empiezan a insegurizar o a desear sonar similar a algún cantante o a imitar el timbre de las voces que están de moda, por ejemplo la voz de Dua Lipa, en que claramente se escucha un paso de aire que no me parece de una cuerda vocal sana o Miley Cyrus que tiene un timbre de voz especial – si no me equivoco tiene un Edema de Reinke (patología inflamatoria de pliegues vocales)- y es una característica de voz que no lo va a lograr una persona con cuerdas vocales impecables”, puntualiza.
Estereotipos de género en el cotidiano de la voz

Y es que, pese a que no es un tema recurrente, la voz es nuestra primera fase de contacto con los demás al comunicarnos y esto se vivencia en todos los ambientes.

“En las escuelas de teatro pasa algo muy interesante y es que cada vez hay más estudiantes trans, entonces su construcción identitaria excede su esta cuestión biológica, es super interesante ver eso porque el trabajo vocal no tiene que ver con esos estereotipos, el trabajo vocal está buscando actualizar la palabra permanentemente, que la palabra sea vida, que la palabra sea acción. Hay que pensarlo con otras nomenclaturas, desde otro lugar y eso es super desafiante”, cuenta Catalina Osorio.
“Cuando yo estudiaba canto estaban de moda Alicia Keys, Cristina Aguilera y todas muy agudas, no existían estas cantantes que son más ronquitas y siempre tuve que luchar contra mis agudos y mi timbre, y ahora que soy profesora he visto replicado eso en mis estudiantes de estar peleando contra lo que falta o que quieren sacar la voz para tener más carácter (…) siempre habrá sensación de falta porque siento que siempre el pasto del vecino es más verde”, expresa Carolina Avilés.
“Yo creo que absolutamente existe la dismorfia vocal, he tenido pacientes que llegan a la clínica con un color más oscuro, con una velocidad del habla más clara, con una muy buena articulación, con una prosodia bien expresiva, con una intensidad de voz mayor y consultan porque dentro de su contexto laboral eso ha sido mal mirado, porque ha sido juzgado como una persona mandona, tanto las afecta que han llegado a consultar cómo pueden encajar mejor en sus contextos laborales. Lo cuál a mí me ha costado mucho comprender”, aporta Karol Acevedo.

Historia de vida y el factor laboral    
En este sentido, Catalina Osorio asegura que, “los estereotipos son cajitas muertas donde uno quiere meterse, hay que salirse de las cajitas y singularizar la experiencia (…) ¿cuál es la relación singular de mi propia biografía, cuerpo, experiencia? y desde ahí pensar la voz. Me parece mucho más interesante que los estereotipos de lo masculino y lo femenino”.
Para Carolina Avilés, “este es un tema del que no se conversa nada y no sólo tiene que ver con los tonos y con lo asignado al género, sino que a los espacios donde uno está viviendo con las experiencias y la vida. Una vez leí un capítulo de un estudio que exponía qué tipo de intervalo utiliza la gente según su profesión y los que eran relacionados a los artistas tenían una inflexión de más de una quinta y los ingenieros o matemáticos tenían un intervalo de una segunda mayor máximo, es heavy”.
Respecto de este punto, Catalina expresa que, “no quiero poner en un nivel más alto a las personas que son artistas, porque tiene que ver con los espacios en los que nos movemos y cómo nos conectan con un presente más inmediato, como las artes marciales, la música o el baile que son puras prácticas que te conectan con el placer o con el gozo y que no necesariamente es algo de las artes escénicas es que los seres humanos tenemos esa capacidad, es una cuestión profundamente humana, pero claro en las artes trabajamos con eso”.
Ambas coinciden en que la conexión con el cuerpo es fundamental en el disfrute de lo vocal. “La exploración corporal es clave, más allá de estar pensando o no en tu cuerpo (…) mientras uno más perciba desde lo sensorial eso se va a transmitir en energía y se va a notar, es un todo”, sugiere Carolina.
Y Catalina cierra llamando a “Mira el referente que te voy a dar, pero ¡La Rosalía, ‘fuck el estilo’! Los estereotipos están muertos, son imágenes que están desarraigadas y no tienen la singularidad del momento, entonces diría que para agujerear esos estereotipos habría que estar revisando en cada momento el entorno, el deseo, lo singular, lo subjetivo, conectar con la experiencia permanente”.
A lo que Karol agrega, “estos son tiempos para cortar las cadenas que la sociedad nos impone. Afortunadamente somos la generación que empieza a producir los cambios necesarios para que cada persona sea capaz de comunicarse. Las mejores voces son las que nos hacen libres de expresar nuestra propia identidad”.



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